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En la Revolución el lecho de Procusto no es una buena opción

Por Toby Valderrama y Antonio Aponte

REVOLUCIONARIOS Y CAPITALISTAS, JUNTOS EN EL LECHO (03-08-2013)

La mitología griega relata la historia de Procusto:

 "Tenía su casa en las colinas, donde ofrecía posada al viajero solitario. Allí lo invitaba a tumbarse en un lecho de hierro donde, mientras el viajero dormía, lo amordazaba y ataba a las cuatro esquinas del lecho. Si la víctima era alta y su cuerpo era más largo que el lecho, procedía a serrar las partes de su cuerpo que sobresalían: los pies y las manos o la cabeza. Si por el contrario era de menor longitud del lecho lo descoyuntaba a martillazos hasta estirarla”.

 

            En la Revolución el lecho de Procusto no es una buena opción, aunque en la política burguesa es muy común. La oligarquía miente, tiene que hacerlo, su naturaleza fraudulenta se lo exige, y cuando su prédica, su teoría, no da cuenta de la realidad, cuando la ideología le falla en la interpretación y predicción de los sucesos, los montan en una especie de “lecho de Procusto” y los estira o encoge a su conveniencia.

 

            Durante la cuarta, de estos estiramientos se hartó el país, toda aquella política se hizo sobre el “lecho de Procusto”. El resultado lo conocemos: la mentira se derrumbó el 4 de febrero.

 

            La Revolución no puede usar el “lecho de Procusto”, al contrario: cuando la realidad no cuadre con la teoría, debe revisar la teoría. O utilizando la mitología griega, cuando el viajero (la realidad) no calce en el lecho (la teoría, la ideología), entonces no la hagamos entrar en el lecho a martillazos, o estirándola. Lo correcto, lo sensato, es revisar la teoría, la ideología, no vaya a ser que un día despertemos con que el viajero nos agarró empijamados como a Zelaya.

 

            Revisar la teoría que nos guía es Rectificar con valentía. Pero al contrario, hemos venido utilizando una suerte de “lecho de Procusto”, forzamos a la realidad y, por supuesto, nos va mal, trabajamos mucho pero avanzamos nada.

 

            De esta forma, cisneros y mendoza son motores para construir el Socialismo, capriles es fascista, pero piñera, el presidente de Chile, heredero directo de pinochet, no lo es, los dos se citan pero el malo es capriles, el otro asistió engañado. El Papa francisco es un santo aunque ayer era aliado de los fascistas del Cono Sur. Las comunas no funcionan pero la culpa no es de la teoría que las sustenta, sino de alguien, no se sabe quién, que no ha sabido impulsarlas. Y así seguimos estirando y encogiendo, cuando ya deberíamos revisar la teoría.

 

            Al contrario de revisarla, despreciamos a la teoría, no perdemos ocasión de atacarla y, paradójicamente, hemos creado “toda una teoría para atacar a la teoría”, para insistir en no avanzar. Ya el General Torrijos llamó a esta conducta “ardilleo”.

 

            Se impone el impulso de la actividad intelectual, de su prestigio, la creación de una oleada cultural e ideológica revolucionaria, pero de verdad verdad, no como un recurso mediático para salir del paso. Sólo de una poderosa ideología surgirá una poderosa práctica.