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Argenis Rodriguez: Balance y memoria de un escritor controvertido

ROBERTO LOVERA DE SOLA

Nos da gusto por hacer aquí otra vez memoria del escritor Aregenis Rodríguez(1935-2000). Este murió, por voluntad propia, en San Juan de los Morros, Guárico, a la edad de sesenta y cinco años, el 6 de marzo de 2000, sus cenizas fueron esparcidas en su tierra llanera, en el puerto de Cabruta, frente al Orinoco. Es por ello que se nos impone aquí a nosotros que lo conocimos y tratamos tan de cerca, que lo vimos escribir, que conocimos muy bien la magnífica biblioteca, sobre todo de autores extranjeros, que logró reunir cuando vivía, hacia fines de los años setenta, en Los Rosales. Tan buena era aquella colección que dejó deslumbrada a nuestra amiga la profesora Yajaira Rauseo, la siempre querida Yaramar, quien nos acompañaba aquella noche en la cual después de varios años, que nosotros habíamos pasado en el exterior, en los Estados Unidos, en la ciudad de Chicago, fuimos a visitar a Argenis para que nos entregara los últimos libros que había publicado y nosotros deseabamos leer.

En verdad, pese a que algunos lo creyeron, a que el admirado profesor Manuel Bermudez(1930-2009) lo escribió cuando Argenis Rodríguez falleció, la suya no fue la obra de alguien quien fracasó en la vida literaria . Todo lo contrario. La suya fue, y muchos habrán de volver a ella por esa razón, la de un gran testigo de su tiempo, de su época, que es la misma nuestra. Argenis Rodríguez desde temprano, desde El tumulto, su primera novela, sin duda mal escrita, redactada con celeridad, poco corregida, descubrió con la intuición propia de los verdaderos escritores el derrotero, sobre todo ético, que ya en 1961 tomaba la democracia en Venezuela. Y lo dijo. Y pudo ver su fin, pues vivió, fueron los dos últimos años de su agónico vivir, la forma como se precipitó la democracia, dada su inmensa erosión ética. Pudo observar en un libro suyo tan decisivo como mal leído Febrero todo lo que significaron los trágicos sucesos del 27 de febrero de 1989 y sus días sucesivos. Y lo miró simplemente saliendo a la calle y observando. Tuvo mucha razón Salvador Garmendia al elogiar ampliamente este libro en una exposición pública en la “Fundación Francisco Herrera Luque”(marzo 15,1995) en donde examinó “El horror cotidiano en la literatura venezolana” . Allí, incluso, el siempre considerado “hombre mágico”, tomó Febrero en sus manos y lo alzó, para que todos vieran el volumen, como una de las obras notables en donde el “horror” de la vida venezolana aparece. Aquel día también encomió la necesidad de la lectura de las obras de Renato Rodríguez(1928-2010), otro de los escritores marginales de nuestras letras sobre quien, como en Argenis Rodríguez, siempre pesaron varios sanbenmitos. Renato Rodríguez es el autor, nada nada más ni nada menos, que de las novelas Al sur del ecuanil y El bonche , mal redactadas, incluso con errores ortográficos y sintácticos, hay que señalarlo, pero necesarias de leer para entender el país y la vida de los venezolanos que reflejan y no, claro está, para tenerlas como normas del buen escribir dentro de la cual están redactadas las obras que trascienden en la literatura, hay que decirlo también. Por esas obras bien escritas hay que leerlas, una y otra vez siempre. En castellano quien mejor escribió fue sin duda don Francisco de Quevedo y Villegas(1580-1645), mejor que don Miguel de Cervantes(1547-1616) maestro también de la lengua. Y en la literatura venezolana los que mejor han escrito, los prominentes, los mentores, los maestros del estilo, fueron Ramos Sucre primero en esto siempre, Manuel Díaz Rodríguez, Mariano Picón Salas, Arturo Uslar Pietri, José Balza, Ana Teresa Torres y Antonio López Ortega. Pero las obras de Argenis Rodríguez y Renato Rodríguez hay que leerlas como testimonios de un modo de vivir de una época, no como acabados libros literarios que no lo son, aunque en el caso de Rodríguez hay momentos destacables, pasajes para conservarlos en la memoria, como los de nuestros siete grandes estilistas que antes hemos mencionado.

Así que Argenis Rodríguez vio la sociedad venezolana, fue testigo y el primer escritor en relatar la experiencia vivida por los muchachos y muchachas guerrilleros, uno fue él, en Entre las breñas. Escribió su libro más clarividente en Gritando su agonía, tan elogiado por Orlando Araujo .

Fue la vida venezolana, la de la democracia iniciada en 1958 y desaparecida en las elecciones de 1998 y especialmente como consecuencia del “Referendo Revocatorio”(agosto 15,2004), el gran tema de la obra de Argenis Rodríguez. Pero fue la inmensa corrupción pública, iniciada en 1974, en el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez, el de los grandes negocios y grandes corruptelas auspicidas desde el mismo Estado, desde la presidencia, el comienzo del declive del vivir venezolano, el resbalón de nuestra democracia de partidos, cosa que Argenis Rodríguez había avizorado en sus primeros signos en El tumulto e incluso en La fiesta del Embajador, lo que permitió dejar una obra tan sagaz como lo fue su trilogía “Breve relación de la destrucción de un país” , formada por La amante del presidente, Relajo con energía y El juicio final, obra de emergencia, escrita perentoriamente, al vuelo de la máquina, sin detenerse, aquejado en todo momento por el desasosiego de aquello que veía sucederse y aquello que veía venir. Cosa que logró observar, como los grandes creadores literarios, con anticipación.

Y esto porque sus libros fueron siempre las obras de un testigo angustiado del acaecer nacional, de aquello que nos llevó hacia la crisis final de la democracia fundada bajo los auspicios del lúcido “Pacto de Punto Fijo”(octubre 31,1958) el cual nos dio cuarenta años de estabilidad política y desarrollo económico pero suyos ideales fueron frustrados por la delicuencia política, por los corruptores y corrompidos. Ver aquella caída fue el centro y lo que dio sentido a la obra de Argenis Rodríguez. Es ello lo que tiene que retener quien se acerque a sus libros, quien desee comprender a este acongojado y afligido venezolano. La historia literaria venezolana del siglo XX, que hemos tratado de describir en esta exposición, en sus rasgos más acentuados, tiene en el escribir de Argenis Rodríguez uno de sus pálpitos más penetrantes, más apesadumbrados y más afligidos.

Julio 24,2013.

 ROBERTO LOVERA DE SOLA  | @CodigoVenezuela

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Nos da gusto por hacer aquí otra vez memoria del escritor Aregenis Rodríguez(1935-2000). Este murió, por voluntad propia, en San Juan de los Morros, Guárico, a la edad de sesenta y cinco años, el 6 de marzo de 2000, sus cenizas fueron esparcidas en su tierra llanera, en el puerto de Cabruta, frente al Orinoco. Es por ello que se nos impone aquí a nosotros que lo conocimos y tratamos tan de cerca, que lo vimos escribir, que conocimos muy bien la magnífica biblioteca, sobre todo de autores extranjeros, que logró reunir cuando vivía, hacia fines de los años setenta, en Los Rosales. Tan buena era aquella colección que dejó deslumbrada a nuestra amiga la profesora Yajaira Rauseo, la siempre querida Yaramar, quien nos acompañaba aquella noche en la cual después de varios años, que nosotros habíamos pasado en el exterior, en los Estados Unidos, en la ciudad de Chicago, fuimos a visitar a Argenis para que nos entregara los últimos libros que había publicado y nosotros deseabamos leer.
En verdad, pese a que algunos lo creyeron, a que el admirado profesor Manuel Bermudez(1930-2009) lo escribió cuando Argenis Rodríguez falleció, la suya no fue la obra de alguien quien fracasó en la vida literaria . Todo lo contrario. La suya fue, y muchos habrán de volver a ella por esa razón, la de un gran testigo de su tiempo, de su época, que es la misma nuestra. Argenis Rodríguez desde temprano, desde El tumulto, su primera novela, sin duda mal escrita, redactada con celeridad, poco corregida, descubrió con la intuición propia de los verdaderos escritores el derrotero, sobre todo ético, que ya en 1961 tomaba la democracia en Venezuela. Y lo dijo. Y pudo ver su fin, pues vivió, fueron los dos últimos años de su agónico vivir, la forma como se precipitó la democracia, dada su inmensa erosión ética. Pudo observar en un libro suyo tan decisivo como mal leído Febrero todo lo que significaron los trágicos sucesos del 27 de febrero de 1989 y sus días sucesivos. Y lo miró simplemente saliendo a la calle y observando. Tuvo mucha razón Salvador Garmendia al elogiar ampliamente este libro en una exposición pública en la “Fundación Francisco Herrera Luque”(marzo 15,1995) en donde examinó “El horror cotidiano en la literatura venezolana” . Allí, incluso, el siempre considerado “hombre mágico”, tomó Febrero en sus manos y lo alzó, para que todos vieran el volumen, como una de las obras notables en donde el “horror” de la vida venezolana aparece. Aquel día también encomió la necesidad de la lectura de las obras de Renato Rodríguez(1928-2010), otro de los escritores marginales de nuestras letras sobre quien, como en Argenis Rodríguez, siempre pesaron varios sanbenmitos. Renato Rodríguez es el autor, nada nada más ni nada menos, que de las novelas Al sur del ecuanil y El bonche , mal redactadas, incluso con errores ortográficos y sintácticos, hay que señalarlo, pero necesarias de leer para entender el país y la vida de los venezolanos que reflejan y no, claro está, para tenerlas como normas del buen escribir dentro de la cual están redactadas las obras que trascienden en la literatura, hay que decirlo también. Por esas obras bien escritas hay que leerlas, una y otra vez siempre. En castellano quien mejor escribió fue sin duda don Francisco de Quevedo y Villegas(1580-1645), mejor que don Miguel de Cervantes(1547-1616) maestro también de la lengua. Y en la literatura venezolana los que mejor han escrito, los prominentes, los mentores, los maestros del estilo, fueron Ramos Sucre primero en esto siempre, Manuel Díaz Rodríguez, Mariano Picón Salas, Arturo Uslar Pietri, José Balza, Ana Teresa Torres y Antonio López Ortega. Pero las obras de Argenis Rodríguez y Renato Rodríguez hay que leerlas como testimonios de un modo de vivir de una época, no como acabados libros literarios que no lo son, aunque en el caso de Rodríguez hay momentos destacables, pasajes para conservarlos en la memoria, como los de nuestros siete grandes estilistas que antes hemos mencionado.
Así que Argenis Rodríguez vio la sociedad venezolana, fue testigo y el primer escritor en relatar la experiencia vivida por los muchachos y muchachas guerrilleros, uno fue él, en Entre las breñas. Escribió su libro más clarividente en Gritando su agonía, tan elogiado por Orlando Araujo .
Fue la vida venezolana, la de la democracia iniciada en 1958 y desaparecida en las elecciones de 1998 y especialmente como consecuencia del “Referendo Revocatorio”(agosto 15,2004), el gran tema de la obra de Argenis Rodríguez. Pero fue la inmensa corrupción pública, iniciada en 1974, en el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez, el de los grandes negocios y grandes corruptelas auspicidas desde el mismo Estado, desde la presidencia, el comienzo del declive del vivir venezolano, el resbalón de nuestra democracia de partidos, cosa que Argenis Rodríguez había avizorado en sus primeros signos en El tumulto e incluso en La fiesta del Embajador, lo que permitió dejar una obra tan sagaz como lo fue su trilogía “Breve relación de la destrucción de un país” , formada por La amante del presidente, Relajo con energía y El juicio final, obra de emergencia, escrita perentoriamente, al vuelo de la máquina, sin detenerse, aquejado en todo momento por el desasosiego de aquello que veía sucederse y aquello que veía venir. Cosa que logró observar, como los grandes creadores literarios, con anticipación.
Y esto porque sus libros fueron siempre las obras de un testigo angustiado del acaecer nacional, de aquello que nos llevó hacia la crisis final de la democracia fundada bajo los auspicios del lúcido “Pacto de Punto Fijo”(octubre 31,1958) el cual nos dio cuarenta años de estabilidad política y desarrollo económico pero suyos ideales fueron frustrados por la delicuencia política, por los corruptores y corrompidos. Ver aquella caída fue el centro y lo que dio sentido a la obra de Argenis Rodríguez. Es ello lo que tiene que retener quien se acerque a sus libros, quien desee comprender a este acongojado y afligido venezolano. La historia literaria venezolana del siglo XX, que hemos tratado de describir en esta exposición, en sus rasgos más acentuados, tiene en el escribir de Argenis Rodríguez uno de sus pálpitos más penetrantes, más apesadumbrados y más afligidos.
 ROBERTO LOVERA DE SOLA  | @CodigoVenezuela