Pasar al contenido principal

Ayotzinapa un dolor que recorre las venas de la Historia

Fernando Buen Abad Domínguez

Alertas todos. A estas horas están activados todos los mecanismos perversos para ahogar la matanza y “desaparición” de estudiantes en Ayotzinapa, en el lodazal del olvido, de la impunidad y de la barbarie que son parte del decorado macabro que tapiza la Historia de México. Pensar y rabiar por los hechos criminales en Ayotzinapa es en simultáneo pensar y rabiar por los asesinatos en Tlaltelolco en 1968.  Décadas de impunidad, humillación y dolores por los que nadie carga juicio y castigo alguno. La furia de los pueblos suele tener raíces muy hondas.
El capitalismo es una fábrica de “Estados Fallidos”. El “gobierno” de México ha convertido al país en un “estado fallido”, en una bufonada grotesca de gerentes neoliberales con avaricias insaciables, dispuestos a cualquier crimen para mantener secuestrados los poderes que son del pueblo, de la clase trabajadora…de la mayoría. En las cúpulas de los partidos hegemónicos PRI, PAN y PRD no se encuentra otra cosa que peleles especialistas en componendas e ilegitimidades para ofertar los recursos naturales del país, subordinar la economía a los intereses yanquis, reprimir a los trabajadores para que reine a sus anchas la explotación, y ser súbditos voluntariosos de los monopolios mediáticos que son el Alma Mater política de donde emanan las instrucciones para “gobernar”. Un estado incapaz de garantizar la justicia. Incapaz de garantizar la paz. Incapaz de garantizar el desarrollo económico… un estado que falla una y otra vez porque para eso ha sido amaestrado.
Poco importa cómo se llamen los títeres en turno que se encaraman en los gobiernos gracias a fraudes y más fraudes electorales y seriales. Poco importa la jerarquía del cargo y poco importa qué banderas agita su demagogia para disfrazar con saliva chatarra el repertorio de sus tropelías. Reina la estulticia y el cinismo y se hacen los ofendidos cuando se los toca con el “pétalo” de la crítica. Así ha sido desde hace muchas décadas, muchas, muchas. Y cada día es peor. Los elementos que empeoran ese paisaje terrible han desarrollado la industria del “crimen organizado” que instaló un “doble poder” con base territorial muy fuerte y gran capacidad ofensiva en los campos anchurosos de la corrupción empresarial, militar y gubernamental.
Nada de este paisaje monstruoso se explica sin la mano del imperio yanqui metida en un territorio al que considera parte de su “zona de seguridad”. Nada se explica sin el consenso de Washington, sin el TLC y sin la Alianza del Pacífico como nueva estrategia de narcoestados para garantizar a los yanquis terrenos liberados donde descargar su crisis de sobre-producción con todo genero de basura mediática, tecnológica, química, ideológica, narcótica y política.
Aotzinapa es, pues el escenario micro de la barbarie más inimaginable. En el asesinato y desaparición de los estudiantes normalistas se expresa el capitalismo en toda su putrefacción sólo que interpretado a la manera vernácula de criminales territoriales puestos ahí para cumplir la doble función de saquear y reprimir a cualquier costo. Muchas fuentes expertas han caracterizado al estado de Guerrero y a sus latifundistas históricos, ya se ha hablado de las riquezas naturales y de la industria del turismo que son fuente inagotable de fortunas secuestradas por unos cuantos oligarcas que comparten trofeos con otros de fuero nacional. Ya se ha explicado la corrupción y ya se ha explicado de que artimañas se han valido para mantener el territorio militarizado haciendo su “trabajo” disuasivo a punta de bayoneta y sangre. Décadas y más décadas.
Por eso, entre otras cosas, es atronador el silencio de los siervos de la farándula y de los intelectuales dóciles a la burguesía que, con denuedo y pundonor en sus lenguas largas han acribillado a Venezuela, a Bolivia, a Ecuador, Argentina... pero están de lengua atada ante los crímenes y desapariciones de estudiantes, jóvenes e inocentes, en Ayotzinapa. Vargas Llosa, Willie Colón… y toda una serie de voceros del imperio a cual más han enrollado su vocación lenguaraz y, hasta hoy, se mantienen calladitos en un silencio que tiene tufo de TELEVISA, PRISA, CNN...  ¿Estaremos equivocados? Es simple: Si no denuncian son cómplices.
Nada de lo ocurrido en Ayotzinapa encontrará justicia y castigo bajo las condiciones actuales. Es suicida pensar que los verdugos instrumentarán un juicio justo contra sí mismos y es impensable terminar con todas las muertes y los hurtos de que somos víctimas por los “cauces políticos” que hasta hoy han demostrado ser siervos del capitalismo más depredador.  Es hora de que nos hablemos con sinceridad y crudeza, no hay tiempo que perder. Buena parte de lo que nos ocurre se debe a nuestra desorganización y a nuestra crisis de dirección revolucionaria estancadas desde hace mucho tiempo.  De brazos cruzados somos un blanco muy fácil y, como no hay recetarios mágicos para superar este momento, es necesaria la movilización y el encuentro que sólo da la unidad de las fuerzas más honestas y desde las bases, garantizándonos democracia verdadera y acción consensuada desde abajo. Ni mesías ni mecenas. Ni iluminados ni reformistas. Basta ya de tanto engaño inoculado por los profesionales de la mentira que nos han traicionado siempre.
Una situación de lucha como la que vive México hoy dará de inmediato liderazgos nuevos y dará espacio para desarrollar pensamiento crítico capaz de advertirnos sobre las amenazas oportunistas que rondan deseando apropiarse de las expresiones sociales más avanzadas. Eso es lo que ordenan las cúpulas de TELEVISA, del Empresariado pro yanqui a sus sirvientes en el  PRI, el PAN y el PRD. ¡Ni un voto a ellos, faltan 7 meses! Pero en las bases hay otra historia. Nuestro deber es no permitir que distraiga la “tele” con cataclismos de coyuntura o con marcianos. Que no nos embauquen los reformistas que dicen querer “cambios” pero despacito. Que dicen querer un mundo mejor pero para nuestros bisnietos. Nuestro deber es no permitir que jueguen electoralmente con nuestros muertos y con nuestros vivos. Que no usen la sangre derramada para ungirse como “salvadores” y que no nos asusten, que no nos distraigan, que no nos descarrilen ni nos descalabren. Nuestro deber es impedir que el asesino siga disponiendo de las armas con que nos ataca y derrotarlo de una vez y por todas. El único camino hacia la paz y la justicia lo sabe un pueblo en lucha y que triunfa en la batalla de las ideas. Hay que vacunarse contra los lenguaraces y contra los engaños. Al pueblo sólo lo salva el pueblo. ¡Se los llevaron vivos, vivos los queremos! 

 

Dr. Fernando Buen Abad Domínguez

Universidad de la Filosofía