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Diario de un perro callejero Nº 24: mi encuentro con don Francisquín...

ENSARTAOS

“El perraje salió a votar”, escuché del dueño de la Panadería El Recreo, don Francisco Pomada Rebolledo. Don Francisco echó un escupitajo, y mirando la cola que se formaba en el Liceo Libertador, espetó: “-Por esa vaina nunca vamos a salir de esta crisis, el perraje tiene el control de este país. ¿Cuándo un país con un perraje así sale adelante? Puros perros y perras es lo que hay en esas colas de gente votando. Puras sirvientas, puros muertos de hambre. Puros vagos que nunca trabajan ni han trabajado. Puro mojón de perro”.
A don Francisco lo conozco desde joven, desde el día en que le dio por hacerse comunista, y alguna contribución, alguna migaja, le daba a la izquierda, para que avanzara en su proyecto revolucionario. Don Francisco Pomada Rebolledo primero fue limpiabotas y andaba con nosotros los perros, dormía en un garaje y comía de los restos, como nosotros los perros, que le dejaba doña Josefina Urquiola quien regentaba una posada en la calle 17. Pero don Francisco tenía vena para los negocios, y de andar con los perros y vivir como ellos, pasó a codearse con la burguesía, y a cada uno de sus cachorros les montó un muy rentable negocio, haciéndose proveedor de la Universidad de Los Andes y de los gobiernos adeco-copeyanos, además de otras triquiñuelas cocinadas con altos carcamales de Acción Democrática. Y a sus hijos, don Francisco los emparentó con distinguidos ladrones (magnates) de Mérida. Hasta se hizo elegantísimo miembro del Country Club. Entonces don Francisco comenzó a tenerle asco a los chavistas, y en todos lados a los que llegaba decía: “-Yo sí me partí el lomo para tener lo que tengo. A mí nadie me regaló nada. Yo si no trabajo no como. Yo no soy un enchufado, nojoda, ni lo he sido nunca. Yo no nací para eso, a mucha honra. Aquí hace falta mucho plan de machete para poner a trabajar a esos vagos que andan disfrazados de rojo rojito, carajo. Aquí hace falta que vuelva al poder mi querido general Juan Vicente Gómez,…”.
Como yo tengo mis alter ego que andan regados por los recovecos de estas calles ardorosas de la Mérida caballeresca, tan culta y enjundiosa, por ahí le salió a don Francisco un don Quijote de medio pelo que le dijo unas cuantas verdades:
-        Oiga  don Francisquín, con que ahora sí le dan piquiña los muertos de hambre. Usted que fue testaferro del gran Rey David, aquel David Morales Bello, a quien tú le serviste de peón, de correveidile de sus honorables bufetes en Caracas, cuando te salió un carguito de director del Ministerio de Relaciones Interiores. ¿Eso lo llamas tú ganarse el dinero con el sudor de tu frente, y partirse los lomo, grandísimo lagarto? ¿Por qué más bien no buscas redimirse de todo lo que le has robado al pueblo, por todo lo que usted lo ha traicionado y escamoteado? Dígalo don Francisquín, que usted se dedicó a comprarle los terrenos a campesinos necesitados del páramo y de El Vigía, de Tovar y Santa Cruz, y que se cansó de estafarlos dándoles tres lochas por ellos, y ahora dice que eso es trabajo y sudor de su frente. Que usted explotaba a todos los trabajadores de sus empresas, que los exprimía y que luego los echaba a la calle como perros, y siempre andaba diciendo que ellos lo robaban. Y sé muy bien por qué quiere que aquí gobierne el Majunche: para que importe todos los productos que luego usted se encargará de revender ganándole el mil por mil, y entonces usted su ufane otra vez diciendo que tendremos los anaqueles llenos y que entonces en Venezuela sí habrá de todo, eso sí con una verdadera democracia. Porque usted, don Francisquín, jamás produjo nada, ni podría producir nada, ni hacer algo que le produzca algún bien al pueblo, porque usted lo odia. Porque usted sabe, don Francisquín, que el problema de Venezuela lo crearon la gente miserable y canalla de su clase, ligándose con el capital extranjero y dedicándose únicamente a importar, porque bien saben ustedes ladrones, que las empresas importadoras les tienen negado a los mercantilistas nuestros el que ser soberanos en nada que produzca verdaderamente. ¿Por qué usted no pone una empresa para producir jabón o detergentes? ¿Por qué no monta una fábrica de papel tualé, o de champú, de algo que ahora mismo se trae de afuera (y que siempre se ha traído de afuera) y que tanto el pueblo requiere?, ¿por qué no lo hace usted que tiene harta plata? ¿Por qué no lo hacen sus amiguetes empresarios, sino que se buscan la manera fácil de hacer negocio que es explotando al pueblo por la vía de la escasez y del acaparamiento? No sea vil y cobarde, don Francisquín. No sea tan mierda, don Francisquín, que yo lo conozco y conozco a todos los de su clase.
En escuchando tan aplastante respuesta, me fui a dormir sobre unos duros cartones que botan los chinos del Yuan Lin. Y dormí placenteramente.