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VEAN SEÑORES, TREMENDO PALO COCHINERO AL INSIGNE DESDENTADO DE FERNANDO OCHOA: APOLOGÍA DEL CULILLO

Y PENSAR QUE EL TIPO SE CREE BELLO Y ADOPTA UNAS POSES...

OCHOA

FERNANDO OCHOA, EL GENERAL DESDENTADO.

(Apología del culillo),

Por Salvador Ramírez Campos.

            El autor de La Celestina, el bachiller Fernando de Rojas, logra, mediante una continuada creación lírica, una definición precisa de la vejez: “…vejez no es sino mesón de enfermedades, posada de pensamientos, amiga de rencillas, congoja continua, llaga incurable, manecilla de lo pasado, pena de lo presente, cuidado triste de lo porvenir, vecina de la muerte, choza sin rama, que se llueve por cada parte, cayado de mimbre, que con poca carga se doblega.” Definición que actualiza el general de anime Fernando Ochoa Antich, no sólo por lo viejo y desdentado, sino también por lo “culillúo”, como lo connotaba el hoy premuerto Carlos Andrés Pérez. Analicemos las declaraciones vertidas en El Universal del 28 de noviembre del año en curso por este émulo del oso hormiguero.

            Ante la enérgica respuesta de los poderes públicos venezolanos frente a las amenazas del fascismo gringoamericano, secundado por las putas suramericanas de siempre, meretrices mandatarias de algunas burguesías financieras locales, el pobre Fernando Ochoa reacciona como un infeliz soldado al servicio del imperio. Veamos la colección de joyas que nos obsequia el hijo del mayor Ochoa Briceño, quien si tenía pundonor y dignidad.

            Después del culipandeo patriotero que siempre emerge de los cerebros vacíos; después de la invocación esotérica de los altares de la patria, el aguerrido conductor de tropas suelta esta desbandada: “La Fuerza Armada, en un régimen pluralista, no tiene ideología.” Es decir, es una institución poblada por eunucos; destinada a funciones policiales de represión; a cuidar los intereses de las clases gobernantes. Cuando el soldado piensa, según este desquiciado, atenta contra el pluralismo ideológico y destruye la democracia, como ha ocurrido y ocurre, sigue regurgitando nuestro general de anime, en la Unión Soviética, en China, Cuba y Corea del Norte. ¿Será que la doctrina de la muerte, del colonialismo, del sojuzgamiento de los pueblos, del saqueo de las materias primas, especialmente energéticas, que practica el Pentágono imperial no es una ideología? Precisamente,  el mandato programático de las clases dominantes. ¡Ay, Ochoita! Luego de esta declaración principista del gran estratega, arremete contra lo que él llama sus “compañeros de armas”, a quienes divide en dos grupos funcionales: los que han cometido delitos y los honestos, es decir, recordando a Albert Camus, los que van a morir y los condenados a muerte. Pero, ¿es Ochoita el censor de estos militares delincuentes y honestos? ¿Ya el valiente general ha elaborado la lista de los condenados a muerte o la de los que van a morir? El mismo responde con la seguridad de quien está comprometido en un golpe de estado: “Tengan plena confianza de que así será”. Olvida este señor que su declaración es, en si misma, una ideología: la del Estado liberal burgués.

            Otras consideraciones se desprenden de los titubeos verbales del castrado Ochoa. En el nuevo gobierno resultante del golpe de estado que está promoviendo “…en ningún caso se perseguirá a la Fuerza Armada como institución…”, solamente a quienes él y sus secuaces  señalen. Surgen dudas. ¿Cómo se persigue a una institución como tal? Por ejemplo, ¿cómo se puede perseguir al Poder Electoral? Además de reaccionario y ultramontano, el pobre Ochoa se nos revela como el propietario de una ignorancia cuidadosamente cultivada.

            Concluyamos con unas preguntas inevitables: ¿Ochoa actúa libremente o bajo financiamiento dirigido? ¿El financiamiento viene del Norte o de golpistas vernáculos? Cuándo Ochoa en sus declaraciones delata a sus compañeros golpistas, ¿lo hace por miedo o por ignorancia?