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El narcotráfico es un negocio eminentemente capitalista

El tema mencionado ha sido ampliamente abordado en distintos medios de comunicación periodística: diarios, revistas, programas de radio y televisión, además de ser tema de debate entre funcionarios de Estado; sin embargo, es poco lo que hasta ahora hemos podido opinar quienes estamos organizados en la izquierda. Tal vez porque, no consideramos que sea el problema principal de los explotados del país, tal vez porque es un problema del cual nos consideramos ajenos, o bien, por estar permanentemente en el discurso oficial. Sin embargo a estas alturas es innegable que existe actualmente en nuestro país una situación en la cual el narcotráfico y el aumento de la violencia social ligada al mismo, han alcanzado un nivel tal que es difícil seguir eludiendo la discusión; más aún, es importante que utilicemos nuestras propias herramientas analíticas para explicarlo, en mi caso haré uso de la mejor herramienta analítica que hasta ahora tenemos, el marxismo.

Por otra parte he de aclarar que hago este escrito a manera de ensayo porque considero que la información periodística acerca de los cárteles de la droga, sus rivalidades, operaciones y composición no es confiable. En la mayoría de los casos se trata de informes y filtraciones de carácter policíaco, rumores y dichos de los propios involucrados que resultan, a final de cuentas; confusos, contradictorios y engañosos.

Así pues, mi propósito será señalar algunos aspectos estructurales y esenciales para la comprensión del problema, prescindiendo por ahora del análisis concreto de tan mencionado negocio.

El narcotráfico, un negocio eminentemente capitalista

Para empezar habremos de asumir que si bien las drogas, su producción, distribución y consumo cuentan con algunas peculiaridades distintas a muchas otras mercancías, es muy importante asumir que en lo general, la droga es una mercancía cualquiera, y que las leyes que rigen la acumulación de capital como resultado de su producción son, en lo general, las mismas que rigen al resto de la economía capitalista.

La mercancía droga, sea cual sea, tiene un valor de uso porque hay millones de personas que consideran que les sirve para algo, para cubrir algo que ellos consideran una necesidad, y tiene un valor de cambio porque para su producción se requiere trabajo humano; cuando hablamos del negocio del narcotráfico por tanto, nos referimos a la producción, distribución y consumo de las drogas ilegales, misma que se realiza bajo las formas capitalistas, por lo que queda excluido de este análisis cualquier tipo de producción casera o destinada al consumo de su propio productor; es decir, lo que nos ocupa es la droga como mercancía.

Así mismo habremos de identificar que los elementos necesarios para la aparición de este fenómeno son por un lado, los propietarios de medios de producción necesarios para ésta mercancía, y por el otro lado, proletarios que trabajan para dichos propietarios a cambio de un salario.

Como sabemos, prácticamente todas las drogas que hoy son un negocio tan rentable, solo son obtenibles a partir de un proceso de trabajo, no se encuentran en forma pura en la naturaleza y es necesario reunir una cierta cantidad de materias primas, instrumentos de trabajo y maquinaria (más, o menos rudimentaria), para su producción. Son trabajadores asalariados quienes a través de diversos procedimientos combinan algunas sustancias y las empaquetan agregando nuevo valor a las mismas. Naturalmente dichos trabajadores no reciben el pago correspondiente al valor de su trabajo sino únicamente un salario por la venta de su fuerza de trabajo, de otra manera no habría plusvalía y este negocio no podría arrojar la cantidad de ganancias que arroja.

Además de los obreros de la droga, cada empresario capitalista de la droga debe reunir y emplear a otra cantidad de personas que realizarán algún trabajo destinado a lograr la realización de sus mercancías, empleados de limpieza, distribuidores, empleados de transporte, y los más notorios, empleados armados cuya finalidad es proteger la mercancía, el dinero y hacer lo que el patrón les mande bajo el considerando de que ejecutar, amedrentar o defenderse de alguien es necesario para la realización de su mercancía. Además son necesarios empleados de confianza cuya principal labor sea intelectual, destinados a la administración, contabilidad, ingeniería, etc.

Como en el resto de las empresas capitalistas los salarios no son iguales para todos los empleados, su precio está determinado por un lado por el valor de la fuerza de trabajo, y por el otro por las condiciones sociales de contratación de la misma, por ejemplo la oferta y la demanda laboral de determinado tipo de trabajo.

Partamos entonces del supuesto lógico de que un capitalista de la droga es en principio propietario de una cantidad de dinero D, que con el comprará medios de producción Mp y Fuerza de Trabajo ft, para obtener plusvalía pv, una mercancía con valor incrementado M’ y finalmente dinero incrementado D’. Ni más ni menos que la formula general de la acumulación capitalista.

Ahora bien, ¿Qué lleva a un hombre a invertir su dinero en medios de producción y fuerza de trabajo destinados a la producción de droga? Lo mismo que lleva a un capitalista cualquiera a invertir en cualquier cosa, la sed de acumulación y de riqueza, y la posibilidad concreta de obtenerla en este negocio, de otra forma no lo haría. Por otra parte podemos preguntar ¿Qué lleva a una persona a vender su capacidad o fuerza de trabajo a un capitalista de la droga? Lo mismo que lo orilla a venderla a un capitalista cualquiera, la necesidad de obtener los medios de vida indispensables. Visto de manera conjunta diríamos que en un espacio de tiempo y lugar, coincide el propietario de los medios de producción de la droga con un hombre jurídicamente libre cuyas capacidades de trabajo pueden ser puestas a disposición de aquel. Esta coincidencia fluye por todo nuestro país dado el alto índice de desempleo y del llamado trabajo informal; ocurre que una gran cantidad de gente no encuentra en dónde vender su fuerza de trabajo o solo puede venderla por pequeños períodos de tiempo, o bien, las condiciones en que la vende son insuficientes para satisfacer sus necesidades

Lo anterior de ninguna forma significa que las condiciones de trabajo en las narco empresas sean buenas, por el contrario, implica muchos riesgos, obviamente no existe la posibilidad de contratarse colectivamente y por tanto dichos trabajadores no gozan de ningún derecho laboral ni sindical, tal vez en algunos casos el salario sea mayor, pero este es inevitablemente inestable. Dicha situación más bien nos habla de la lamentable situación en la que se encuentra el proletariado mexicano, desde donde puede pensarse que ser trabajador de una narco empresa es comparativamente mejor al del resto de la economía.

Desde la óptica del capitalista de la droga el asunto es más o menos igual, si se invierte en dicho negocio es porque resulta rentable para dichos capitalistas, ya sea que la droga sea su principal inversión o sea alguna secundaria, el hecho es que halla en el tráfico de droga una oportunidad para la acumulación de capital a la cual no está dispuesto a renunciar por algún criterio moral relacionado con las consecuencias del consumo de su mercancía; a final de cuentas los capitalistas de las empresas legales tampoco se detienen por criterios morales, ya sea que su negocio son las armas, las drogas legales, contaminantes o cualquier otro producto con algún efecto nocivo sobre las personas, el medio ambiente o la sociedad.

Los trabajadores de las narco empresas pueden haber adquirido algunos conocimientos y habilidades necesarios para su trabajo dentro de las mismas, pero a la vez son formados igual que el resto del proletariado en diferentes grados de conocimientos generales y en distintos tipos de especialización; naturalmente una narcoempresa ocupa personas con experiencia en las empresas farmacéuticas y laboratorios, ingenieros, agrónomos, químicos, contadores, abogados, transportistas, etc. Y particularmente para el caso de los sicarios y guardias, ocupa a personas formadas en el uso de las armas tanto en la policía como en el ejército; así como otros venden su capacidad de trabajar al patrón, éstos últimos venden su capacidad de matar, instrucción a menudo financiada por todos los mexicanos dado que somos nosotros quienes financiamos su entrenamiento y experiencia en las instituciones policíacas y militares ¿De qué otra cosa podría trabajar alguien que solamente está capacitado para disparar un arma si es ésta su capacidad de trabajo más rentable?

Otro elemento que es indispensable resaltar es que no existen motivos razonables para pensar que los empresarios de la droga no sean además empresarios legales, ni mucho menos para pensar que no haya empresarios originalmente legales que estén invirtiendo capital en el negocio de la droga. A menudo los medios de comunicación recurren a descripciones fabulescas de los narcotraficantes, caracterizándolos siempre como algo muy distinto a los empresarios legales, el hecho de que existan personajes pintorescos y peculiares en dicho negocio no significa en lo más mínimo que esa sea la generalidad. También los medios hablan de la infiltración del narco en las empresas legales, pero jamás hablan de la infiltración de las empresas legales en el narco. En general los grandes capitalistas suelen tener una inversión principal en algún ramo industrial o comercial, pero al mismo tiempo mantienen inversiones simultáneas en otros ramos, o bien forman asociaciones de capitalistas entre capitales de distintos ramos.

Esto ocurre sobre todo porque al generarse las ganancias en su forma dinero, no siempre pueden ser reinvertidas como capital en el mismo negocio, sobre todo cuando las condiciones del mercado lo limitan, por lo que se hace necesario para el capitalista buscar otros negocios en donde invertir su capital. Por tanto no tendría porque extrañarnos que algún empresario legal que obtiene ganancias en un negocio cualquiera y cuyo mercado se encuentra ya al límite, trate de evitar el descenso de su cuota de ganancia colocando capital en un ramo dinámico de la economía y el cual arroja ganancias importantes. Para quien aún piense que los capitalistas tienen una moral escrupulosa pensarán que no serían capaces aún así de invertir en el negocio de la droga, pero para quienes amparados en el marxismo pensamos que no es la moral sino la sed de ganancias lo que motiva al capitalista a invertir, nos parece muy lógico que así ocurra.

También es conocido que para elevar las ganancias de una empresa cualquiera, y en este caso de una narco empresa, es conveniente controlar la mayor cantidad de cadenas productivas relacionadas con la propia y expandirse en las mismas. Es claro que para el negocio de la droga no sólo se ocupan mercancías ilegales sino que en general se ocupan muchas mercancías legales, tanto como medios de producción, materias primas e insumos de distinta índole, por lo que necesariamente las narco empresas están vinculadas y asociadas con la economía legal a muchos niveles ¿Les convendrá a los socios de las narcoempresas que éstas desaparezcan? De ninguna manera, en todo caso ambicionan controlarlas ellos mismos.

El narco y la política

Lenin explicaba que las relaciones políticas son, esencialmente, una expresión condensada de las relaciones económicas; ésta sola premisa nos ayudará a entender porque en la vida política del país, y particularmente en la política burguesa es cada vez más frecuente que aparezca la mano de los señores de la droga.

El poder político no se sostiene por sí mismo en un Estado capitalista, es operado y determinado principalmente por la clase dominante, la burguesía. Como puede observarse, el poder de la burguesía no se explica por definición legal, no es que la constitución política del país lo diga sino que es inevitable que siendo la burguesía quien cuenta con el control de la economía, se ella misma quien esté en condiciones de controlar la política. La forma en que la burguesía hace política es a menudo velada y solo en algunos casos abierta, es decir, se vale de la burocracia política para hacerse representar en los órganos de gobierno y en las distintas instancias del Estado; podríamos hacer una lista interminable de mecanismos de cómo se hace esto, que van desde la formación ideológica hasta el chantaje y el soborno.

El caso más típico es en los procesos electorales en donde los partidos y candidatos contendientes necesitan de financiamiento para realizar sus campañas, y lógicamente obtiene mayor financiamiento quien logra hacerse patrocinar por el más rico, a su vez los empresarios no regalan su dinero sino que lo invierten, por lo que detrás de cada financiamiento privado existen necesariamente acuerdos de protección y de facilidades que van de la política hacia la economía y viceversa. ¿Por qué habría de extrañarnos entonces que los empresarios de la droga se comporten como el resto de su clase?

Así pues, la injerencia de los capitalistas de la droga en la política es resultado de su posición económica, del control que tienen sobre una serie de cadenas productivas; de esta forma, a través de sus relaciones y posición política logran estabilizar y potencializar su posición.

De esta forma podemos ver que la injerencia de los narco empresarios en la política burguesa es más fuerte ahí donde son ellos quienes tienen mayor control sobre los procesos productivos y comerciales de una región determinada, y menor donde su negocio no sea significativo para la economía local, en cuyo caso la política seguiría siendo controlada por los capitalistas de siempre.

Por tanto la subordinación de los políticos a los narcos no es en esencia un fenómeno diferente de la subordinación de los políticos a la burguesía, es más bien el mismo fenómeno; es una condicionante de la política burguesa y de cómo se hace política dentro de un Estado burgués. La practicidad se impone por encima de cualquier principio político o ético, y un político exitoso es el que sabe servir a sus amos, los capitalistas; no se trata de una elección ni de una inclinación moral sino de algo práctico, si quieres ganar una elección y gobernar con respaldo, simplemente debes mantenerte aliado a quienes son dueños de las condiciones materiales para hacerlo, si en una región son banqueros, en otra los empresarios del calzado, en otra los empresarios de la minería y en otra los narco empresarios no existe mayor diferencia. Visto de otra manera, ¿Cómo podría un presidente municipal de un país capitalista como México, enemistarse con el dueño de la principal fábrica, tienda y hoteles del municipio sólo porque además de ser dueño de eso es dueño de el otro negocio que explica que estos otros estén ahí? Naturalmente estaría metido en un callejón sin salida. En lo general el narco empresario ni siquiera necesitaría llegar a la violencia explícita para tener al jefe del municipio en sus manos, más bien su posición económica explica el porqué de su capacidad para ejercer la violencia.

Con esto no trato de disculpar a algún funcionario por sus actos de corrupción, sino de establecer que la corrupción es inherente a la política burguesa porque disfraza permanentemente a los intereses privados haciéndolos pasar por públicos, dicho de otra manera, no hay diferencia sustancial entre quien gobierna a nombre de un país para favorecer los intereses de los banqueros norteamericanos o las grandes transnacionales, a quien gobierna en nombre de un pueblo para favorecer a los narco empresarios. En realidad todos estos políticos están cortados con la misma tijera y quien está dispuesto a venderse a los intereses del capital extranjero, o de los banqueros, lógicamente estará dispuesto a venderse a los intereses del narco capital, y viceversa. Pero alguien preguntará ¿Y si alguien no está dispuesto? Simple y sencillamente no está inserto en la política burguesa, ya sea por escepticismo, por conciencia de clase, o porque fue apartado violentamente de ella.

El papel de la violencia

Poder económico y violencia son dos factores que a lo largo de la historia han ido de la mano, no es privativo del narcotráfico, es más, tampoco es privativo de la sociedad burguesa, aunque ciertamente adquiere características particulares que habremos de mencionar.

La burguesía en general se ha valido de la violencia a gran y pequeña escala para extender y preservar su dominio, en general lo hace a través del Estado burgués, a través su aparato represivo se asegura que nadie se interponga en su camino de acumulación y el que lo intenta es violentado de distintas formas. El capitalismo desde sus inicios avanzó violentamente sobre civilizaciones enteras, acaparando territorios, rutas comerciales, recursos naturales, despojando comunidades agrarias, encontrando las condiciones necesarias para que los dueños de medios de producción tuvieran a su disposición hombres en capacidad de vender su fuerza de trabajo. La barbarie, la muerte y destrucción que el capitalismo ha dejado a su paso no es para nada inferior a la practicada por los cárteles de la droga, yo diría más bien que ésta es reflejo de aquella.

Lo peculiar de la violencia ejercida por las narco empresas es que ésta se realiza por fuera de lo establecido formalmente por la normatividad burguesa, al no ser reconocida su existencia jurídica, las narco empresas no pueden regular la relación entre ellas ni para con otros a través de tribunales y otras instancias de “impartición de justicia” por lo que practican la violencia por cuenta propia, a través de los mecanismos que tienen a su alcance. Así pues, la ejecución, aunque no es el único mecanismo por ellos utilizado, es por excelencia el modo en que los narcoempresarios dirimen sus diferencias entre ellos y dentro de su propia empresa.

Es un elemento que ha estado presente desde los inicios del negocio como de por sí lo es el contrabando en general, aún antes de que se moviera la cantidad de dinero y capital alrededor del mismo, desde que el narcotráfico se presentaba como pequeñas bandas de contrabandistas que por ejemplo pasaran marihuana a Estados Unidos dentro de las llantas de un coche como narraba el famoso corrido.

Pero esta violencia a la que nos referimos es también una violencia de clase, es violencia burguesa, puesto que el uso de ella está reservada para las personas autorizadas explícitamente por los narco empresarios para utilizarla; no corresponde al juicio individual de sus empleados decidir cuándo debe ser utilizada, sino que son los propios dueños los que la instrumentan y dirigen, teniendo la mayoría de las veces por víctimas a los propios empleados, y su móvil es facilitar el proceso de acumulación de capital. Seguro que podríamos encontrar casos en que influyen factores personales y de otras índoles, pero la generalidad es que la violencia practicada por los cárteles de la droga tiene la finalidad de apoyar objetivos capitalistas; es decir, deshacerse de quienes estén obstaculizando dicho proceso de acumulación.

De igual forma hemos de decir que el aumento de la capacidad de ejercicio de la violencia de los narco empresarios se debe principalmente al crecimiento de su poder económico y a la extensión de su influencia económica. Es difícil saber si ahora son más violentos que antes, lo cierto es que al aumentar su capacidad económica ha aumentado su capacidad de ejercer la violencia, dicho de otra manera, su capacidad y ejercicio de la violencia se multiplican al mismo tiempo y al mismo ritmo que su capital.

Para nosotros que nunca hemos sido burgueses nos cuesta trabajo entender por qué si los narco empresarios tienen ya tanto dinero y poder se aferran de esa manera a arrebatar a los otros narco empesarios su negocio, ¿No podrían mejor conformarse con lo que tienen y firmar la paz con los otros? Pero la paz y la guerra son también parte de lo mismo, y mientras queden menos espacios libres del narcotráfico por conquistar, más habrá de crecer la rivalidad y la violencia entre los bloques o grupos rivales porque la conciencia capitalista se caracteriza precisamente por buscar siempre más. Además la tendencia general del capital es hacia su concentración y centralización y el narco negocio no está exento de ello. De igual forma la tendencia monopolista del capital conduce al enfrentamiento violento entre bloques de capitalistas; si esto ha ocurrido a escala mundial, no tiene nada de extraño que ocurra en este caso.

Pero ¿Es posible la paz entre las bandas de narcotraficantes? Tanto como es posible la paz entre los bloques capitalistas a nivel mundial, sólo de manera transitoria, cuándo algún bloque eminentemente dominante logre agrupar en torno suyo a los demás quienes han de reconocer la supremacía de aquel; tal como las potencias capitalistas del mundo han reconocido la primacía de los Estados Unidos, de tal suerte que la violencia entre ellas se halla latente y las expresiones más sanguinarias son en contra de grupos o Estados más pequeños en poder y cuya capacidad militar es completamente dispar. Así pues, puede arribar una situación en la que alguna alianza de narcoempresarios hegemonicen al resto y solo utilicen la violencia de manera más aislada en contra de pequeños grupos que se nieguen a aceptarlo, o bien hasta que se forme un nuevo bloque capaz de disputar la hegemonía.

Hasta aquí nos puede quedar claro que la violencia ha sido un instrumento utilizado históricamente por la burguesía para reprimir a todos aquellos que se interponen entre ellos y su objetivo máximo; la acumulación de capital, y que cada capitalista la ejerce con los medios y métodos que tiene a su alcance; en este caso, los narco empresarios han desarrollados sus propios métodos para ejercer la violencia. Pero ¿Qué pasa con las expresiones aparentemente irracionales de violencia que hemos podido ver en los años recientes?

Aquí nuevamente nos podemos topar con una trampa tejida desde los aparatos ideológicos de Estado que nos han dicho que dichas expresiones irracionales de violencia provienen de lo que llaman “el crimen organizado” ¿Será esto cierto? Desde mi punto de vista la duda cabe, pues si bien hay expresiones violentas que parecen tener relación con ajustes de cuentas, disputa por los mercados, etc. existen otros acontecimientos que no cuadran con dichos supuestos.

Un ejemplo muy importante es lo ocurrido durante la celebración del grito de independencia, el 15 de septiembre de 2008 en la ciudad de Morelia Michoacán, cuando fueron detonadas dos granadas en medio de la población que habría acudido a la celebración. El gobierno de inmediato culpó a las organizaciones de narcotraficantes por lo ocurrido y ordenó el aumento de la presencia del ejército mexicano en dicho estado, instalando retenes indiscriminadamente y haciendo pasear por carreteras, pueblos y ciudades a un sinnúmero de militares. El asunto no ha sido resuelto, pero despierta varias dudas ¿Qué ganaría una narco empresa detonando explosivos en una plaza pública donde no hay un objetivo lógico para acrecentar su capital? ¿Quién salió beneficiado de éste acontecimiento?

El hecho fue precedido de dos años de un constante impulso del gobierno calderonista hacia el ejército, mismo que fue sacado de sus cuarteles para desempeñar labores destinadas a la policía. Desde que Felipe Calderón llegó al poder buscó en el ejército al principal respaldo para ejercer su gobierno, y se ha encargado de sacarlo a las calles, aumentar el presupuesto destinado al mismo y de colocarlo como la única institución honesta con la capacidad de garantizar la seguridad de los mexicanos. Si entendemos que el ejército es el pilar de los aparatos represivos del Estado, y que su principal labor ha sido velar por los intereses de la burguesía, no podrá extrañarnos que un presidente tan impopular, que ganó la presidencia en una elección fraudulenta y que se planteaba programáticamente impulsar aún más medidas antipopulares desde su gobierno, haya buscado el firme respaldo del ejército.

Así pues, las expresiones irracionales de violencia no sólo han venido del “crimen organizado”, sino también del propio ejército y de los cuerpos policiacos que se han dedicado a violar sistemáticamente las garantías individuales y que han llegado incluso a balacear familias enteras por supuestamente no atender al “alto” en algún retén.

Pero volvamos a lo ocurrido en Morelia, ¿Fue ilógico? ¿Desde la perspectiva de quién? Digamos que en ocasiones la violencia la ejerce la burguesía con el fin concreto de favorecerse a sí misma de forma individual, pero a veces, ejerce la violencia como clase organizada para favorecerse en general. De una u otra forma, la violencia directamente no genera valor, ni plusvalía ni ganancia, pero puede servir en general para favorecer las condiciones de acumulación de capital. Así pues, cuando la burguesía como clase organizada utiliza la violencia, aparece en forma de violencia pública y cuando lo hace por su cuenta como violencia privada. En la primera sale beneficiada la clase capitalista en general, y en la segunda sólo quien la ejerció. En general la violencia pública es un asunto de Estado, como también lo es la administración y regulación de la violencia privada.

Lo ocurrido en Morelia fue un acto de violencia pública porque benefició al Estado, y por tanto a la clase dominante en general, por lo que es difícil pensar que se trató de un ejercicio privado de la violencia.

Sin embargo no nos encontramos en condiciones de hacer un peritaje o alguna investigación que pueda descubrir lo que pasó realmente ese día, pero sí podemos saber quién salio beneficiado de ello; el Estado, el gobierno de Calderón, el ejército y el bloque hegemónico de la clase dominante.

He mencionado el caso de las granadas en Morelia por lo significativo que ha resultado, pero a la par podemos hablar del desarrollo y protagonismo de los grupos de sicarios supuestamente al servicio de las narco empresas. Lo curioso aquí es que muchas de sus operaciones no parecen tampoco corresponderse con el ejercicio de violencia privada, es decir, parecen no tener el objetivo de conquistar un mercado, ajustar cuentas, deshacerse de un rival, etc. me refiero a ejecuciones de personas que nada tienen que ver en el negocio, intimidaciones, extorsiones, asesinatos de artistas, etc ¿Para qué tanto? ¿De verdad estos grupos de sicarios son guardias privados de alguna narcoempresa? Que los medios lo digan no es motivo suficiente para creerlo.

La historia reciente de América Latina nos muestra una posibilidad. En ocasiones las narcoempresas forman guardias privadas para ejercer la violencia, para ellos ésta violencia es cara pero de alguna forma redituable; pero también sucede y ha sucedido que a veces las narcoempresas tienen el objetivo de financiar a los grupos de sicarios, en este caso los sicarios, no son un instrumento del narcotráfico sino su objetivo. Es decir, el Estado requiere de ejercer cierto tipo de violencia para favorecer a la clase dominante, pero no puede hacerse formalmente responsable de ella, por tanto no puede financiarlos ni cobijarlos abiertamente, pero sí puede permitirle a ese grupo, entrenado y auspiciado por ellos mismos que se autofinancie a través del negocio de la droga por todas las facilidades que ofrece.

Esto ocurrió por ejemplo con los “contras” en Nicaragua y ocurre con los grupos paramilitares de Colombia como las tristemente célebres Autodefensas Unidas de Colombia. El objetivo de dichos grupos no es propiamente traficar con droga, pero el narco negocio les permite ejercer la violencia política, la cual está dirigida principalmente a combatir a las organizaciones y posiciones opuestas a los designios del capital; en el caso de los contras, era el combate al gobierno sandinista y en el caso del paramilitarismo colombiano para contener a la insurgencia a través de la represión indiscriminada e irracional contra las bases de apoyo tanto de las FARC-EP, como del ELN, pero también en contra de organizaciones sociales, líderes sindicales y opositores en general.

En México estos grupos de sicarios no se han dado a notar principalmente como grupos contrainsurgentes, aunque se sabe que algunos están entrenados en ello, pero tampoco estamos exentos de casos en que sicarios que se reivindican como parte de alguna organización de sicarios o de “narcotraficantes”, hayan amenazado o violentado de alguna manera a luchadores sociales. Un caso conocido fue por ejemplo, el asesinato del comandante “Ramiro” del ERPI quien antes de ser ejecutado advirtió que estaban siendo hostigados por éste tipo de grupos en la región de la “Tierra Caliente” del estado de Guerrero.

Así que por ahora no podemos asegurar que estos grupos de sicarios tengan principalmente la labor de ser contrainsurgentes, pero sí podemos decir que es muy probable que estén en última instancia destinados a ello, y también podemos asegurar que su comportamiento ha dejado como principal beneficiario al gobierno de Calderón y a las instituciones represivas como el ejército.

Conclusiones

-El narcotráfico tiene en común con el resto de la economía capitalista sus características escenciales. La búsqueda insaciable de ganancias que son posibles a través de la obtención de plusvalía en el proceso de producción de mercancías. Carente de ética, le tiene sin cuidado los efectos nocivos relacionados con el consumo de su mercancía y están dispuestos a lo que sea con tal de preservar y reproducir su capacidad de acumular capital.

-El narcotráfico tiene de particular que su actividad es ilegal, por lo tanto las instituciones del Estado, cuando menos formalmente, se declaran incompetentes para regular la relación entre los narco empresarios y sus empleados así como la relación entre las narco empresas, por lo que dicha regulación se da sobre todo de forma privada. Por esto mismo la violencia privada que ejercen las narcoempresas tiene un papel notoriamente significativo.

-Diferenciar a la economía relacionada con el narcotráfico de la economía legal es cada vez más difícil por la cantidad de capital que se mueve dentro del narcotráfico y su relación con la economía legal.

-Los narcoempresarios están cada vez más integrados a la burguesía como clase, es decir cada vez es más frecuente que su comportamiento y acciones estén apuntando a favorecer a la clase capitalista en general y no sólo a cada una de ellos en lo particular.

-Por lo anterior, ha crecido la capacidad de las narcoempresas para hacer política y para incidir en la política burguesa, estando ligada su capacidad de acumular capital con su capacidad de hacer política.

-La violencia privada ejercida por las narco empresas ha favorecido un clima de aumento de la violencia social, pública y privada en la sociedad mexicana, lo cual ha venido a complicar muchos de los problemas que de por sí padece la sociedad mexicana en general, afectando principalmente a los más pobres y beneficiando únicamente a los dueños del capital.

-Dicho clima de violencia abre y favorece la oportunidad para que el Estado burgués mexicano se dote de instrumentos violentos para reprimir la organización popular.

-No existe razón alguna para pensar que el mencionado fenómeno vaya a descender, por el contrario, cada vez adquiere rasgos más preocupantes. Para que el asunto ceda se requeriría desaparecer las condiciones que llevan a su aparición y reproducción, por lo que tendrían que desaparecer las condiciones que permiten la producción distribución y consumo de la droga. Y lejos de verse interesado en ello, el Estado mexicano sólo está ocupándose de aprovechar este asunto para fortalecer las posiciones del bloque hegemónico de la burguesía en México.