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VIVIR LA ANGUSTIA Y LOS CAMBIOS

 

José Portillo Lugo

 

Entiendo perfectamente bien a algunos compatriotas en estos últimos meses: el sentimiento de frustración al ver los mismos actos de corrupción en los manejos públicos, cuando ven que todavía se premia la mediocridad en todos los niveles y cuando ven que el recurso humano designado en instituciones educativas y de ciencia no posee el necesario empuje y deseo de transformación moral dentro de sí.

 

Para poder dar un poco de calma interior a nosotros mismos debemos recordar lo siguiente:

 

  1. Nuestra sociedad ha sido durante el siglo XX y sigue siendo una sociedad aristocrática. Una sociedad en la cual las instituciones educativas (familia y escuela-universidad) están entonadas y estructuradas para enseñar a los individuos que lo más importante y lo que necesario para dar fuerza al sentido de vivir o estar vivo(a) es el TENER cosas y llenarse de posesiones. Esto es un elemento de influencia que contribuye en un 80% en la manutención de nuestra sociedad aristocrática. Por ejemplo revise el lector todos los argumentos que esgrimen en contra del gobierno o en contra de la oposición: “antes teníamos tal cosa y ahora tenemos menos”, “antes usted podía comprar tanto, pero ahora puede comprar más”, “no ves que te van a quitar la casa y el carro”, “no, el gobierno no le va a quitar nada a usted”, etc. etc. Todo es en función del TENER.
  2. La educación del individuo aporta como un 50% a la toma de conciencia. El otro 50% debe provenir desde dentro de la persona. Debe existir un mínimo de osadía/rebeldía/amor a la libertad que debe estar presente en la persona. ¿De dónde vienen los ingredientes necesarios para esta energía? No lo sé. Lo que sí sé es que muchos de nosotros somos progresistas desde niños(as). Es algo que se nota desde muy temprano en la vida. El que es pendejo, amante de la parsimonia y cobarde a los cambios lo es desde niño(a). Y esto no se enseña. No existe un camino o ruta de estudio que lleve a esto. Simplemente se tiene o no se tiene. Podemos recibir todos los elementos de maduración posible pero si no hay una mente preparada para similar no se produce la revolución interior.
  3. Simplemente observando la lentitud de los cambios necesarios en una revolución, los cuales deben ser soportados por una profunda toma de conciencia, nos damos cuenta que la proporción de los individuos que no temen los cambios y que son inquietos desde el punto de vista moral (que ponen a prueba todos los días sus creencias y que no temen desafiar lo que  han aprendido y que no temen ver destruir lo que han construido para luego arrancar de cero en algo nuevo sin sentir que han perdido algo) contra los que no poseen este elemento es a lo más 20% contra 80%. Es la realidad. Simplemente así es nuestra sociedad actual.
  4. La afición de los(as) venezolanos(as) a los medios de comunicación (a favor de o en contra de) muestra una predilección por vivir la vida OBSERVANDO DESDE LA BARANDA”. Desde la seguridad de mi cuarto o mi casa enciendo la TV y veo a otros(as) actuar y me caliento o alegro según los acontecimientos que VIVEN los actores que veo en la TV me gustan o no. Es decir, soy todo un pendejo aristócrata que no tiene el habito de salir a la calle a participar. Entrego a otras personas el protagonismo. Todo en harmonía con la modorra y parsimonia que como ya vimos arriba son las que alimentan a la sociedad aristocrática.

 

Lo más importante es tener en cuenta estos puntos. Recordarlos para así poner un pie en la tierra. El impulso del cambio aprieta duro en la mente y crea estados de frustración y ganas de tirar la toalla. La mente se divide en dos: la parte que sostiene lo aprendido en esta sociedad y la otra parte (no aprendida en esta sociedad) que impulsa al cambio.

A quienes poseemos esa chispa o angustia/deseo hacia el cambio nos debe quedar:

  1. La satisfacción de poseerla y ponerla al servicio de quien quiera escuchar e interesarse.
  2. El sentido del deber mantenerla encendida. Sino ¿Para qué vivir?

 

Jportillo34@yahoo.com