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Hoy lloré, no pudo la maldad frenar mis lágrimas

                       Javier Monagas Maita
    Son las 8: 25 pm del día 8/02/11. Con toda atención seguía el debate televisado que representa la interpelación de los funcionarios del gobierno en la Asamblea Nacional. Ante los argumentos de los logros inobjetables por parte del vicepresidente, el Min Interior y el Min Comunicaciones. Solo se contraponían argumentos falsos, mentiras pre elaboradas y sistematizadas, desprecio a los avances populares y manipulación de la verdad por parte de ese sector minoritario que se hace llamar oposición.
   Ante la andanada de mentiras y descalificaciones del diputado William Ojeda,  respecto a la orquesta sinfónica penitenciaria, la ofensa a todos eso ciudadanos que tienen la desdicha de ser despojados de su condición humana y fueron convertidos por la ambición sembrada por la propaganda capitalista en delincuentes, pero que en un esfuerzo colosal, han sido rescatado mediante un programa de orquestas, donde en vez de pistolas, empuñan instrumentos musicales y en vez de balas, crean notas armoniosas de melodías que acarician el alma.
   Muchas lágrimas se me agolparon en los ojos. Confieso que tenía tiempo que no vivía esa sensación. Esa agradable sensación, pero si recuerdo, que derramé lagrimas de dolor cuando vi que mi pueblo era masacrado en puente Llaguno, por unos desalmados francotiradores, que luego se descubrió que fueron contratados por los que dieron el golpe del años 2002.  En esa oportunidad Salí con mis manos desnudas y mi conciencia armada de coraje para convocar a mis hermanos de clase, para organizarnos en defensa de la libertad y el gobierno al que yo elegí en conjunto con el 60% de la población.
    La diferencia entre esas lágrimas es muy difícil de describir. Pero si puedo decir que la del 2002 fue amarga, en cambio las del 2011 son muy dulces, muy relajantes, muy liberadoras del amor interno que siento por mi pueblo, por mis hermanos.  Cuando vi esa orquesta entonar las notas del himno a la Alegría, de nuestro tercer himno Nacional,  Venezuela y de las demás interpretaciones, sentí en mi corazón como se anidaba un sentimiento de alegría y armonía, y lloré en silencio, como lloramos los hombres revolucionarios. Pensé entonces, que si ha valido la pena todas las vicisitudes, las amarguras, las tristezas y algunas frustraciones que he vivido por  aportar mi grano de arena a la construcción de esta utopía que se torna en realidad de a poco a poco. En ese momento cobró sentido el escuchar los intentos de los distorsionadores  de esta lucha cuando me decían o me dicen de manera casi de ofensiva ¿Qué te ha dado a ti la revolución?
 Ahora veo el premio que me ha dado la revolución: la elevación de la autoestima de mis hermanos de clase, su educación para la liberación,  el crecimiento humano  e intelectual de quienes la sociedad hipócrita había calificado de escorias y que ahora se les gradúa de gente y nos enseñan que nunca dejaron de ser gente, que fueron secuestrados por una sociedad enferma de poder, dinero, muerte y odio. Hoy veo y siento, que esos rechazados y despreciados, son reivindicados por mi proceso revolucionario, por mi gobierno elegido libremente, por mi esperanza y fe en la humanidad. Disculpen aquí el yoismo, pero siento,  que es mi triunfo particular, concebido en colectivo.
   Que gran sabor y que liberadoras han sido estas lagrimas. Gracias camarada ministro El Aisami por este regalo de cumpleaños adelantado, gracias camaradas diputados bolivarianos comunistas por estas lecciones de humanidad y valoración a mi pueblo. Esa oposición apátrida, anti pueblo y tarifada, fue por lana y salió trasquilada  ¡Que triste espectáculo señor William Ojeda!
   No volverán, y los que siguen coleados, se tendrán que ir
 Javiermonagasmaita@yahoo.es            javierdelvallemonagas@gmail.com
        http://planetaenpeligro.blogspot.com/    lo que será