Pasar al contenido principal

DIARIO DE ARGENIS RODRÍGUEZ EN ESPAÑA - 1970

ARGENIS

18 de mayo.

12 de la noche. Regreso de Sitges. Días perdidos porque no conseguí ninguna mujer. Le he dejado el teléfono de la madre sin marido

Con este diario cometo una gran injusticia.

Tomeo y yo andamos entre la resaca. Gente vieja, acabada, golpeada, frustrada. Las mujeres han sido abandonadas por sus maridos, o han tenido hijos clandestinos, o han fracasado en sus proyectos o en sus vocaciones. Los hombres son medianos en todo. Son pintores del montón, o escritores de segunda clase y han perdido algunos dientes. Le hago este comentario a Tomeo y éste me responde: "Lo que pasa es que tú y yo, entre la gente normal, que no ha sufrido nada, no podemos estar". Yo le digo que nos quejamos por no poder conseguir mujeres jóvenes y hermosas, pero es porque no frecuentamos si no gentes como esas que le acabo de enumerar.

Esta tarde también casi he llorado por Teresa. Fue cuando regresé a Caracas tras abandonar a Graciela y yo no podía dormir y Teresa me recomendó unas gotas.

20 de mayo.

Dormí con las gotas que me tomé pero amanezco con un dolor de cabeza. Pero así y todo, enfermo, me tomo una botella de vino y como merluza y en seguida me acuesto con una prostituta y vengo y me tomo un anís y ahora me he duchado con agua fría y he recordado a Graciela y luego a Guilarte quien nos invitaba a su casa y que se suicidó en Venezuela lanzándose por un puente. He pensado después que si se hubiera quedado en Bruselas aún estuviera vivo.

Compro un libro de Lope de Vega: "Fuente Ovejuna".

El cónsul me llama. Comeremos esta noche con Tomeo.

Soy injusto con los demás, ¿pero acaso no soy más injusto conmigo mismo?

21 de mayo.

Lectura de Galdós: "Nazarín".

Comida con Aníbal Valero, cónsul de Venezuela y Javier Tomeo. Del restaurant nos fuimos a un burdel y el cónsul y yo fuimos con sendas francesas. Dormí y soñé con un mar.

Cartas de Graciela y de mis hijas Clara y Valentina. Graciela me dice que mis enemigos están fuertes. Crespo se casó con la hija del director de El Nacional y Adriano se ha cogido la escuela de letras de la Universidad Central. Yo le respondo que esos tipos no son dignos de ser enemigos míos.

A la calle. Compro: "Antología mínima" de F. S. Fitzgerald; "Antología poética", de Ezra Pound y "Asesinato en la catedral", de T. S. Eliot.

Lectura de Galdós y Fitzgerald.

Por la noche, a las diez, viene Tomeo, Hervás, Oca, Josende, Carcasona y dos pintores más.

22 de mayo.

Dos cartas de Graciela. Una con un artículo de Francisco Salazar Martínez titulado ARGENIS Y EL ESCÁNDALO, donde hace referencias a toda mi obra y en particular a la Fiesta del Embajador y a mi último relato Bajo los cielos sin Tiempo.

Carta de Molina pidiéndome ejemplares de La Vanguardia donde salió mi entrevista.

Compro "Vida y poesía" de Goethe.

23 de mayo.

Sueño con culebras. Tomeo y una mujer caminan por la orilla de un mar o del río Orinoco. Vamos por los jardines de la Universidad Central de Venezuela que está completamente en ruinas. La mujer de Tomeo me agarra las manos a escondidas y yo me excito. Un hombre, a todas luces un profesor, pasa con un saco lleno de culebras. "Lo hice -dice-. Lo hice". Yo me quedo observando al hombre, pero en esto siento un movimiento bajo mis pies. Hay una culebra. Yo salto. Una mujer que está en cuclillas limpiando unos pescados, entierra un cuchillo en la cabeza de la culebra.

En Sitges, con Tomeo, Pascual Maisterra, su mujer y Xavier Carlos Tolrá. Juegos infantiles por nada: parchís y dominó, música de Schumann.

Como Hoffmann, creo que me he enamorado de una jovencita de 14 años. Es la hija de de la hija del hotel y he salido con ella a comprar una camisa y unos calcetines. Me ha acompañado a comer. No le gusta que le diga que la quiero. "¡Usted siempre habla de la misma cosa!”, exclama. Me confiesa que desde hace dos meses sale con un joven de su misma edad.

Y la cosa fue que ayer nos fuimos a Sitges porque Tomeo y yo pasamos por donde el editor Picazo a buscar un periódico de provincias que hablaba de Tomeo. Y allí, con Picazo, se encontraban Hervás y Miguel Oca, y Oca hablaba mal de Beneyto y de Molina y quién sabe si de mí y del mismo Tomeo. Tomeo cogió su periódico y salimos. "¡Qué asco -dijo-. Vamos a Sigtes! No quiero volver a ver a ese Oca. Es un intrigante. Y su mujer es una mala puta. Vivían intrigando con mi novia. Una vez iba a salir yo con una mujer y salió la mujer de Oca a decirle a mi novia que la mujer me había rechazado. Y el Miguelito... ¡Qué asco! ¡Qué mentiroso! Le llevó los libros al crítico de Insula y más tarde me llamó y me dijo: 'El crítico de Insula leyó nuestros libros y dijo que eran maravillosos, pero que el de Hervás era malísimo'. Bueno, llamé ya al crítico y le dije: 'Oiga, me dijo Oca que usted había leído los libros y le habían gustado. Oiga -me respondió. Un momento. Yo leí el suyo y me gustó pero los otros no los he leído'. ¡Qué asco, el Miguelito! ¡Es blando! ¡Es fofo!

Compro "Diario argentino", de Witold Gombrowicz.

A la una, en un café con Francisco Candel y Tomás Salvador, como de costumbre, me dice: "en setiembre, en setiembre saleGritando su Agonía.

24 de mayo.

Lectura del diario de Gombrowicz y de los poemas de Ezra Pound. A mediodía viajé a Sitges con Tomeo y Aníbal Valero, cónsul adjunto de Venezuela. Valero y yo nos prendamos de la misma mujer, María Rosa, la cual ha tenido tres hijas de tres hombres diferentes. La mujer es atractiva y los dos nos valemos de la última hija que tuvo hace tres meses para "atacarla". Besamos la niña, le decimos que es tan linda como la madre y todo eso. ¡Esto es una puta vida!

Se me rompen los lentes.

Se me rompe el radio.

Me siento mal del estómago.

Estoy adormilado, pero no puedo dormir, que es peor.

Lunes 25 de mayo.

Lectura de Galdós. Avanzo muy lentamente.

No sé si el hábito de escribir este diario me ha ido quitando el sentido de la creación. Tal vez piense más en escribir el diario que cualquier obra de creación, relatos, cuentos o novelas. Es claro que en un relato, en un cuento o en una novela se dice más que en unas notas escritas al día. El relato, el cuento o la novela es pura creación, sentido puro de la verdadera vida. El diario no pasa de ser una relación incolora.

Creo que, en definitiva, todos los diarios íntimos se parecen. Si se ha dicho que siempre nos repetimos, es en el diario íntimo donde nos repetimos más.

Y surge la catástrofe. Conocemos a una mujer que ha tenido hijos sin casarse y sabemos esto y nosotros, hombres, sólo andamos detrás de esta mujer nada más que por poseerla. No nos interesa otra cosa. Ya lo hicieron otros, pues hagámoslo nosotros también. Y si no obtenemos nada con la rapidez del rayo ya la estamos odiando y odiándonos a nosotros porque nos decimos: ¿dónde fallé? ¿qué no le supe decir?, etc. Acaso ella intuye esto y juega rabiosamente con nosotros. Le decimos con nuestros gestos: Lo que queremos es poseerte. No tiene nada que perder. Ya lo has perdido todo. Eres una perdida. Y ya la estamos maldiciendo. Y si no conseguimos nada nos queda el desprecio de ella. Y queremos que ella se entere. Luego pensamos: "Ya será de otro". Y si es hermosa como lo es Rosa María, nos dolerá profundamente.

En el espejo estoy contemplado mi cuerpo. Es joven, duro. Me han dicho que es hermoso¡ Es pasto. ¡Pasto que se quema!

Di un viaje especial, en avión, de mi país a España por presentar unos exámenes. El primer año lo aprobé pero no estudiaba para los otros y quería retirarme. Salí a comprar carne y una botella de vino. Me fui al salón de clases. Me llamaban por todos los teléfonos.

Larrazabal tenía una venta de empanadas y yo era el encargado de venderlas. Las empanadas se les vendían a los estudiantes de primaria y secundaria. Las empanadas eran pequeñas y yo les escogía de las más grandes cuando me las pedían.

En la calle había un tumulto contra los Machado. Yo estaba allí y ellos me veían a mí. "a mí no me importa esto -me decía-, lo que importa es que estos señores piensen que yo estoy contra ellos sin que me importe nada". Pero se dieron cuenta de mi indiferencia. Yo lo que pensaba era que esa no podía vivir con tranquilidad. Todo el mundo les faltaba el respeto.

En dos periódicos de la Universidad se hablaba de mí. Un tipo que comía en un restaurant me dijo: "¿lees aquí? Cogieron Entre las Breñas como tesis de grupo político". Yo leí en el periódico. Un grupo universitario se hacía solidario con lo que yo allí "decía" y se agrupaban bajo el signo de ese libro. Yo estaba asombrado y casi quería reírme. ¿Qué encontrará esa gente en ENTRE LAS BREÑAS, me decía.

Soñé que compraba un libro de Carson McCullers. El libro no sé si existe.

11 de la noche. Al cine. "El Incidente", de Larry Peerce.

Vino Miguel Oca y se sentó en la sala del hotel. Me dijo que García Márquez había declarado contra mí diciendo que yo había traicionado a las guerrillas. ¡Esto sí está bueno! Yo he sido el único escritor de la América Latina que ha sido guerrillero. Y estos tipos que jamás supieron nada de guerrillas se erigen en jueces. Son izquierdistas para vender libros. Trafican con el izquierdismo. Se dicen revolucionarios y viven en Europa, gordos, apestosos y aburguesados. Mientras tanto los guerrilleros se mueren y éstos por aquí venden revolución como un producto. La venden en forma de libros. El Vargas Llosa, el Cortazar, el Márquez. Y en Venezuela los comunistas, fundadores de las guerrillas, ahora son diputados, senadores, abogados de los gobernadores y los primeros que salen a condenar cualquier manifestación estudiantil u obrera. Iguales son estos escritores de izquierda. Unos se matan para que "los escritores revolucionarios" vendan los cadáveres.

26 de mayo.

Nuevo sueño con Graciela en que la golpeo. Comienza de este modo: tomo el ascensor de este hotel que me llevará a mi cuarto, pero el aparato da una voltereta como si fuera un funicular en el espacio y va a detenerse en la plaza del rectorado de la Universidad Central. Me digo: aprovechando que estoy aquí iré a ver a Graciela. Veré qué hace. Como siempre, mi pensamiento hacia ella es que me traiciona. Y justo cuando subo unas escalinatas, hay un hombre que le dice al otro: "Veré a Graciela". Yo me adelanto. Graciela está entrando también. Nos saludamos. El hombre que ha hablado con ella la saluda, pero al divisarme sigue de largo. Yo miro al hombre y miro a Graciela y sin esperar nada la emprendo a golpes contra ella. Cae y la sigo golpeando: ¡Llama al chulo ese para que te defienda!, le digo. ¡Llámalo tú!, me grita. ¡No, llámalo tú, puta! Y la sigo golpeando con más furia.

Salí y compré una corbata. Mi diversión es comprar corbatas.

No me gusta nada el "Diario Argentino" de Gombrowicz. Lo único que he sacado en claro es que Gombrowicz tuvo debilidades homosexuales en su juventud y luego, más tarde, en Buenos Aires, contemplando a los muchachos, volvió a sentir esos malos fluidos.

Por la tarde de compras: "El mundo de los sueños", de Havelock Ellis; "Diario Florentino", de Rilke; "Poemas", de Tennyson; "La vida feliz de Francis Macomber", de Heminway y "Cuentos de un soñador", de Lord Dunsany.

Pagándole, he estado con una mujer. Antes me emborraché solo, entrando de un botiquín a otro. Discutí mucho antes con Tomás Salvador. Resulta que Tomás Salvador, después que ha combatido bajo las banderas falangistas, anti-judías, ha descubierto que sus antepasados son judíos. Esto no hay quien lo entienda.

Y lo mejor que me sucede con esta puta que voy esta noche es que me dice que soy limpio, hermoso, largo y que me va a hacer un buen trabajo y me hace un buen trabajo y no quiere irse tan pronto como lo acostumbran, y vuelve a hacerme otro buen trabajo y yo encantado me dejo hacer todos los trabajos, pero después que me hace todos los trabajos que quiere, se da cuenta de golpe que soy pesado, que mi cuerpo pesa y me pregunta cuánto peso. Le miento y me quito cinco kilos. Duda y al fin tengo que decirle lo que según un peso me dijo hoy: 69 kilos. "¡Ah, no ves!", exclama, "tienes que rebajar, estás echando barriga, no tanto, pero de todos modos estás echando barriga!

27 de mayo de 1970.

Carta de Molina. Ya salió su libro "Un caracol en la cocina". Yo estoy jodido. Salvo el cuento de Cadaqués no he escrito nada de creación. Compro libros que almaceno y que apenas si abro. Creo que he perdido todo sentido de la narración. Y lo demás no me interesa. Anoche me emborraché solo. A veces me es agradable emborracharme solo. Lo malo es, cuando borracho, me meto en la cama. Entonces no puedo ni leer ni dormir. Y las calles afuera están solas.

Nunca he tenido una mujer que me ponga en dificultad de que debo igualarla, de que debo trabajar, estudiar, crear para igualarla. A otros les ha ocurrido, como a Rilke, y les ha resultado maravilloso.

Novalis fue lo suficientemente tonto o ingenuo como para idealizar a una niña de la clase media, que apenas sí sabía leer y escribir y que probablemente era coqueta y un poco cursilona. Se puede amar a una analfabeta en la que se vea misterio, pero no a una persona que piensa en bienes de consumo, en una herencia, en una posición. Como la dueña de esta casa que se casó porque buscaba seguridad y resultó que el marido tenía una querida (una prostituta que se sacó de un burdel) de la cual no pudo desembarazarse nunca. ¡Se lo tiene bien merecido! Tenía que valer mucho más la prostituta. Pues hay que pensar que el hombre era crítico de teatro, articulista y quién sabe cuántas cosas más de esas llamadas del intelecto para que dejara a su mujer, que era "decente", por una prostituta. ¡Esto, que yo sepa, sólo ocurría en el Tercer Reich!

Las mujeres condenadamente decentes son una birria. No quieren aprender. Y si aprenden no ponen en práctica el aprendizaje.

Nunca me he sentido mejor que cuando me he comportado como un cínico. Me sentía bien cuando jugaba con aquellas dos mujeres. Ambas me celaban la una de la otra y yo mentía descaradamente. Decía que no tenía nada con la otra y después que estaba con una corría hacia la ausente. Y si ésta me reclamaba mentía, decía que estaba en otra parte. El único punto a mi favor era que jamás me expresaba mal de ninguna de las dos. Y en cuanto a escribir, nunca me sentí mejor que cuando escribía sin creer en lo que escribía pero que hacía rabiar a los lectores, a mis enemigos, a los que seguían mis pasos. Sí, porque siempre he sido un "bicho raro" al que hay que seguirle los pasos, al que hay que vigilar, un tipo peligroso.

Estaba con Teresa, llegaba Graciela, me esperaba y me vigilaba desde una esquina. Luego me llamaba: "Ven acá, que acabo de ver cómo has despedido a tu mujer". Yo no bajaba. Ella subía. Me daba golpes que yo resistía con impasividad. Pero por dentro me reía. Negaba. ¿Yo? ¿Yo tocarla a ella? Mi triunfo residía en aplacarla, en "convencerla".

Como ayer, borracho perdido solo. Beneyto me llama para decirme que José Ramón Medina me mandó una carta a su dirección. Mis amigos son mis amigos a distancia. ¿Porque quién no desconfía de mí? Yo soy mi propio enemigo. Título de Hull que me viene al pelo. No hay peor tortura que leer por compromiso. Y Hemingway con su narcisismo, releyéndose. Desde que empezó a escribir no hacía más que releerse. De tal manera que no tenía tiempo para leer a los otros. Y no evolucionó. Hay que olvidar lo que se escribe para beneficio de sí mismo. ¡Hemingway es el mismo desde el primer cuento hasta el último libro! Cela varió muy poco. De su "Pascual Duarte" pasó a "La Colmena" y listo. No repitió al "Pascual Duarte", pero en cambio repitió a "La Colmena". Como que "La Colmena" es más fácil de repetir. Sólo pueden escribirse una sola vez "El Lazarillo", "El Buscón" y "La familia de Pascual Duarte". Cela no comprendió esto. O tal vez lo comprendió y no insistió. Insistir hubiera sido una tontería o una cosa de loco. O acaso intentó en su soledad y fracasó. Y nosotros no lo sabemos. A estas alturas ya debe saberlo. Su "Lazarillo" es un fracaso fue un fracaso. Supongo que él mismo lo sabe. ¡Rueguen por nosotros, los autores de un sólo libro!

28 de mayo.

En Sitges con Tomeo. Llegamos, como siempre, a casa de Carles. Pascual Maisterra es un hombre que juega el parchís a vida o muerte. Llega Mari-Rosa. Le miento diciendo que sueño con ella desde que la conocí y escribo esos sueños. Afortunadamente me llevé una libreta del diario de los sueños y leí algunos que he tenido con Graciela. Y cada vez que tenía que nombrar a Graciela la nombraba a ella, a Mari-Rosa. Creo que se lo creyó. Pero me dijo que yo era muy joven.

Llego a casa y encuentro carta de Graciela. Que se cortó, que tiene muchos gastos, que Carmen entra a la edad de los cuentos, etc.

Jucha, que era amiga de Graciela se me entregó a los pocos días de conocerla, porque "andaba buscando", no porque se hubiera enamorado de mí a primera vista como yo lo decía.

Razón que me convence, porque las mujeres saben más acerca de las mujeres y de los hombres que los hombres acerca de sí mismos y de las mujeres.

29 de mayo

El hombre se ha dedicado a comprar mujeres y la mujer se ha acostumbrado a que se la compre. La mejor venganza en contra de la mujer es que se la desprecie.

Ahora, hará unos diez minutos, he ido con una marrana alemana. Le he dicho que he terminado de comer y ella me ha respondido que eso no hacía mal. Le he dicho que no tenía para pagar la cama y me ha respondido que ella la pagaría. Luego, arriba, las camareras se asombraron de que la camarera pagara la cama. Al salir, todas las camareras me miraban. Uno miente y las cosas marchan bien. A las gentes les gusta que les mientan. Muy poca gente miente bien. Hay que mentir con descaro para que las cosas marchen bien.

Lectura de Rilke, de Dunsany, de Emerson. Después he estado recostado sin poder conciliar el sueño. He salido y he comprado un libro de ensayos de Ramiro de Maeztu. Cansado. Fatiga mental.

Blanco Fombona elogia al "Tirano Banderas". Obvia sensibilidad. Sin duda nuestro más grande escritor, el más completo.

Al cine: "Una tragedia americana", según la obra de Dreiser. Algún día tendré que escribir mi pasión por Dreiser.

Regresé al hotel a las once y media de la noche: recado del editor Picazo, que pase mañana por su despacho. Llegaron las pruebas de Entre Las Breñas. Recado del cónsul: me volverá a llamar mañana a las 11 a.m. También me llamó Miguel Oca. Volverá a llamar mañana. ¡Soy importante!

Lectura de un ensayo de Maeztu sobre Spengler. Ambos están equivocados. Eran demasiado idealistas. O soñadores. ¿Dónde estará la diferencia entre estas dos palabras?

Me siento seguro de mí mismo. Pero trabajo poco. Lo más grandioso es luchar. Se me erizan los vellos cuando pienso que muchas veces sólo encontraba la salida por medio del suicidio.

30 de mayo.

Me despierto temprano y a las nueve estoy en el despacho del editor Picazo por las pruebas de Entre Las Breñas.

A la una voy al café donde se reúnen Candel y Tomás Salvador. Le pregunto a Tomás Salvador si es verdad (como me dijo Tomeo) que había quedado sordo de resultas de un bombazo. "No, que va -me responde-, de algo peor, de una sinusitis que se me ha ido complicando". Le dije que como escribió Gombrowicz, era muy difícil ser amigo de un sordo.

Carta de Graciela. Me dice que Carmen me borronea cartas pero que no me las manda para que yo no piense que la utilizo como instrumento o como anzuelo.

Trabajando aceleradamente, sin ver los originales, he corregido las pruebas de Entre Las Breñas. No estoy entusiasmado con ese libro que en un tiempo fue el entusiasmo de mi vida y de la gente de mi generación. Todo pasa.

31 de mayo.

En Sitges con Aníbal y Tomeo. Carles nos recibe extraño. Aunque en su casa no se encuentra más que María Rosa y su niñita de tres meses, me dice que no hay espacio allí para dormir. Lo que me hace entrar en sospechas. La misma María Rosa me huye cuando trato de hablarle. Me produce la misma idea que tengo cuando trato a las mujeres: es interesada y busca solución a su problema. Su última niña es hija de un futbolista que la abandonó. Carles representa seguridad; aunque Carles no se baña y es sucio (cosa que todo el mundo le dice en su propia cara) María Rosa se ha tranzado con él. Las mujeres no tienen un cariz de estética. Yo no me acostaría con una vieja sucia, por más dinero que tenga. Pero una mujer se acuesta con un leproso por dinero o por vicio.

¡Quién iba a pensarlo! Carles mismo fue el que me habló mal de María Rosa. Fue él mismo el que me dijo que lo de la niña había sido un desliz. Que había conocido muchos hombres. Que había conocido muchos hombres, que a él no le importaba nada, etc. Pero ya está. Ha encontrado una oportunidad y la ha aprovecha.

 Y María Rosa también aprovecha su oportunidad. Aquí los dos se aprovechan con descaro.

Lo que puedo decir es que tengo una violencia reprimida. Primero sueño que voy en un autobús y una joven estudiante de unos 14 años se enamora de mí. Todos en el autobús se dan cuenta. La joven y yo hablamos y convenimos en quedarnos una cuadra antes de su casa. Yo imagino que la besaré, que la estrecharé entre mis brazos, que tal vez la poseeré. "Si no es posible esto último", me digo, "le diré que me masturbe". El autobús se detiene y yo bajo. Ella baja pero antes tiene que ir a su casa. Yo espero en unas escaleras. Ella desciende y cuando voy a besarla baja un negro. Le digo que salgamos. Salimos y entramos en un café. Aquí un argentino empieza a decirle a la muchacha que yo estoy casado. El argentino no me conoce y le habla a la muchacha con el único propósito de provocarme. Me levanto y le digo que salga a la calle. Llevo tal odio que lo destrozaría. El hombre sale y una multitud de gente se pone atrás. Dos de la guardia civil se acercan y detienen al argentino. A mí no me dicen nada y me dejan ir. Cuando busco a la joven la veo sobre un puente. Se está despidiendo de mí. "¡Oh, todo ha sido desastroso!", me dice. Y hay en su gesto una despedida. ¿Qué más podía pasar?, me digo para mis adentros.

Voy caminando por uno de los pasillos de la Universidad y veo a Graciela que sale. ¿Por qué no la sigo para ver adonde va?, me digo. Y la sigo por pasillos. Ella anda casi en Bikini. Yo me digo que anda así para atraer a los hombres. La sigo por otros pasillos. Ella se posesiona de una bata. Con toda seguridad va a un laboratorio, pero debe buscar a alguien, es la frase que me ronda. Pero hay un largo pasillo y entonces me descubre. A mí no me queda otra alternativa que acercarme. Ella se da cuenta que yo la he seguido y reacciona contra mí. De pronto le señalo las piernas y le digo: "¿Y esos moretones quién te los ha hecho?" No responde. Le agarro las piernas y se las estrujo. Se queja. Al cabo de un rato reacciona y dice: "Has sido tú, Y esto también". Y me señala las marcas de unos dientes que tiene en el ombligo. "¿Yo eso?", le respondo. ¿Pero cómo va a ser posible? Esa marca no ha desaparecido en cuatro meses? Al preguntarme esto considero que se ha burlado de mí y la emprendo a puñetazos en contra suya. La lanzo al suelo. Ella cae sin proferir palabra. Yo apenas si me digo ¿Cuándo pararé? Y estoy horrorizado de la fuerza destructiva que me impele.

Volviendo a lo de ayer, caso María Rosa-Carles. Bien, Carles era el que echaba el cuento de María Rosa: ésta tuvo un "desliz", abandonó a su marido, por un jugador de futbol, yo me lavo las manos, allá ella. Y cuando llegamos allá ¿qué es lo que vemos? Vemos que Carles cela a María Rosa, que le prepara el tetero a la niña, que se pone nervioso cuando alguien se le acerca a la mujer, que no deja, como antes, que nadie ocupe las otras habitaciones. La bella y la bestia. Y yo empiezo a sentir odio por María Rosa y asco por María Rosa por pensar que se ha acostado con Carles.- Carles, ya lo he dicho, es un enfermo sexual; para excitarse tiene antes que proyectar películas pornográficas. Me imagino a Carles proyectándole películas pornográficas a María Rosa para excitarse y pensar que la excita a ella. No creo yo que María Rosa necesite de pornografía para excitarse. Tomeo es ingenuo y no cree cuanto le digo. Para Tomeo Carles es un niño grande y nada más. Habrá idiotas, retrasados mentales y todo lo demás, pero niños grandes que son pintores, que se preocupan por el coito de los demás y todo eso no existen. Carles cuanto más será tímido. Hijo único, mimado, hará un gran esfuerzo por acercarse a una mujer, cosa que logra con grandes esfuerzo. Pero los hace. Su inteligencia lo ayuda.

Corrigiendo de nuevo las pruebas de ENTRE LAS BREÑAS.

5 de la tarde: voy donde el editor a dejar las pruebas de ENTRE LAS BREÑAS. Hay diferencias que pienso dejar. Ya me cansa ese libro.-

Compra de libros de Strindberg, de Andreiev, de Fenelón.

Molina me envía su relato "Las tanguistas" y su libro de poesías "Jinete de Espaldas".-

Ahora estoy cansado. "Lo mejor es un sueño ebrio en el arenal".

Cena con Tomeo.- Vi a Soler Jové; andaba con una vieja que debe ser la que lo mantiene. "Pero tiene clase, hombre", me dice Tomeo.-

Tomeo no cree que Carles se haya acostado con María Rosa.