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LA GUERRA DE CUARTA GENERACIÓN EN VENEZUELA

Pedro Rivas/ULA-Humanidades y Educación

La Guerra de Cuarta Generación tiene a nuestro país en el escenario de sus
objetivos políticos y ataques económicos. La misma está sostenida en la
teoría del rumor y la rápida difusión y diseminación de sus mensajes. Es
una permanente batalla que se produce a través de una constelación
mediática comunicacional que está al servicio de los intereses económicos
nacionales y transnacionales que dominan el mundo.

En Venezuela ya estamos viviendo esta guerra basada en la
desestabilización psicológica y mental de la ciudadanía que genera, a su
vez, una sensación de desorden, inestabilidad social y una confusión que
impide que  la verdad se conozca porque todos tienen versiones diferentes
y contradictorias de la misma.

En este perverso juego de caos socializado, la mentira y el odio son los
instrumentos  intangibles  que operan como los peones de un juego sucio
del que no se tiene conciencia. Esta guerra se gesta en unos laboratorios
conformados por equipos interdisciplinarios,  provenientes de  diferentes
áreas del conocimiento entre las que se encuentran: psicólogos de la
conducta, psicoanalistas, publicistas, encuestadores, sociólogos sociales,
lingüistas, semiólogos, políticos, espías, antropólogos,  periodistas
tarifados, expertos en informática, hackers, economistas,  etc.

Podríamos afirmar que los cuarteles de esta  guerra  están en los medios
de [des] información y no en los partidos políticos que perdieron su
función histórica de conducir y decidir  sobre la política  venezolana.

Sus acciones son coordinadas virtualmente a través de los medios noticiosos
que convierten lo falso en real, una media verdad en noticia, una mentira
en un acontecimiento internacional, pudiendo diseminarse sus contenidos
sin control a través de las redes sociales encargadas de replicarlas
exponencialmente.

Esta guerra va acompañada de otras acciones que alteran  la cotidianidad
de los ciudadanos, sin distinguir entre adversarios y aliados por su
carácter disociador y enajenante.  Se apoya en la participación inmediata
de los sectores económicos involucrados en el golpismo desde 2002
facilitando, por ejemplo que haya escasez de productos de la dieta diaria,
acaparando a gran escala los productos claves de uso personal, aumentando
progresivamente los precios e incidiendo en el impacto inflacionario,
retrasando las importaciones de medicamentos, repuestos e insumos en
general, etc.

En estos momentos electorales se está viviendo esta guerra sucia con un
alto nivel de intensidad porque el propósito es generar desesperación y
dudas sobre un devenir pintado de incierto y caótico. En consecuencia,
semejante  situación no sería un aliciente para continuar  votando por un
ensayo político que se estrena desde 1998 como pacífico y democráticamente
posible  en el marco de la Carta magna y las leyes.

Esta guerra se considera una modalidad de Golpe de Estado silencioso que
debe  ser enfrentado con las mismas armas que el  enemigo utiliza; no
obstante, existe el problema funcional al determinar que el adversario,
por ser virtual, nos confunde, aunque al ser identificado puede ser nuestro
hijo, la hermana, la amiga fraterna, el  vecino, el compañero de asados,
el profesor inteligente y estrella del magisterio, el cura  párroco, la
novia o la esposa. Las consecuencias de este proceso  de asocialización ya
se observa al empezar a desintegrar familias, grupos de amigos, noviazgos,
matrimonios, empresas, entre otros.

No se olvide que el  propósito de esta guerra es dividir la familia,
segmentar los grupos sociales y anular las relaciones y vínculos  que una
nación necesita para su indispensable integración. En esencia estamos
participando en un tipo de guerra en el que el enemigo se define de otra
manera y los daños colaterales que produce son de orden social y familiar,
psicológicos y mentales, posiblemente difíciles de superar porque esta
guerra es sin cuartel y terminará cuando el país y su petróleo caigan en
manos de los sectores vinculados con la burguesía local y el imperio. De
nuestra parte quedará luchar para que ello jamás ocurra.

Aparentemente la guerra de cuarta generación se percibe como escaramuzas
inocentes y de enfrentamientos verbales y de grupitos a través de  ideas
cortas por el twitter, chistes en serio por el Facebook, mensajes de
textos en cadena, como si la confrontación fuese sin ideologías y
dirigidas contra hombres descontextualizados y sin historia. El caso del
Presidente Chávez es el más emblemático de esta experiencia de terrorismo
mediático y económico observado en este continente americano y en el mundo
globalizado.

El paradigma de esta guerra tiene un marco conceptual  y operacional
completamente diferente a lo convencionalmente conocido, porque  el
combate se da en nuestras mentes y se refuerza en los comentarios del día
a día, en las compras  cotidianas de los abastos y en las bodegas con una
especulación inexplicable  y en las farmacias con medicamentos claves
desaparecidos de las vitrinas.

No olvidemos que el fin de esta particular guerra es alienar nuestra
conciencia para neutralizarnos y dominarnos mediante la inseminación del
miedo, la defensa de una democracia abstracta y estandarizada, el rescate
de una libertad que los venezolanos ya poseemos y el ofrecimiento de una
salvación externa proveniente siempre de los países hegemónicos  de la
economía del  mundo occidental, nunca  la discusión tiene  como escenario
autónomo los países de la región ni a los protagonistas  que han sido
históricamente excluidos. Los voceros de esta guerra mediática son los
expertos legitimados en sus títulos llenos de universidad y exclusión,
pensamiento neoliberal y anticomunismo  mackartista,  endoracismo e
intolerancia de la jamás vista en la patria mestiza del Padre Libertador
Simón Bolívar.

La guerra de Cuarta Generación promovida por el poder imperial y sus
socios en Venezuela se juega la batalla más importante, la patria también.
El voto es el arma de los que tienen la  razón y en las urnas electorales
del 14 de abril se entierran a los promotores de la violencia y la
traición.

PEDRO RIVAS/ ULA- Facultad de Humanidades y Educación
@RIVASPETRUS  rivaspj@ula.ve   rivasp12@gmail.com